La periodista Belén Fernández Del Pino Navarro sufrió un accidente de moto a los 15 años que le provocó una amputación y secuelas graves. Fue su primera gran pérdida de la que hoy habla con energía y franqueza. A pesar de ello, ha practicado deportes de riesgo, trabajado como reportera y cumplido su sueño de ser madre contra todo pronóstico. Cuestionarse las cosas y encontrar contrapuntos sorprendentes a experiencias a veces terribles es su manera de vivir y escribir. Su pregunta favorita, «¿Por qué no?», refleja la curiosidad de la niña que fue y el amor por las preguntas que caracteriza a los periodistas cuyo oficio es hacer preguntas. El viernes presenta su libro «El camino de supervivencia: Plan B» en Navalgamella.
Belén, comienzas tu libro contando lo que te ocurrió la noche de tu accidente en moto. Uno de los detalles que más me impresionó de como relatas el accidente es cuando te despiertas del coma y preguntas por tus amigas con las que habías salido ese viernes. Una de ellas lo presenció todo y no solo no fue a socorrerte, sino que desapareció de la escena y de tu vida. Las primeras reacciones ante un accidente grave a veces son inexplicables, pero ¿nunca más volviste a saber nada de ella? ¿Ni siquiera años después?
No, nunca. En un momento así, siendo niñas, la reacción es imprevisible, pero también pienso que con el paso del tiempo uno puede rectificar y arreglar lo que ha roto. Es el tipo de decepciones que vas teniendo toda la vida, pero hay que priorizar problemas, con lo cual aparcas ese y pa’lante.
Tenías solamente 15 años y ¿qué es lo que recuerdas con más claridad de aquella etapa?
Recuerdo el miedo y los descubrimientos. De repente me desperté en la UCI de un hospital y me encontré con una realidad para la que nadie está preparado. Amputación de una pierna por encima de la rodilla, parálisis irreversible en mi brazo izquierdo, el cuerpo lleno de cicatrices y un desconocimiento absoluto de cómo proceder con todo aquello. Estuve 15 días en coma y tres o cuatro meses en el hospital. Tuve varios reingresos por un problema en la carótida y me hicieron una operación que era en aquel momento puntera. De hecho, el quirófano se llenó de profesionales que asistieron como observadores para verla. Sin embargo, falló y hubo que repetirla. Lo cuento también en el libro como contrapunto porque me ingresaron por segunda vez en la sección de niños y en esa experiencia tuvo una parte maravillosa.
Hablas de la confianza en uno mismo. ¿Cómo se construye la autoeficacia cuando las capacidades físicas han cambiado de la noche a la mañana?
Las capacidades físicas pueden cambiar, pero con lo que tienes, con lo que quieras, tienes que hacerlo lo mejor posible. Yo sabía que ya no volvería a correr, ya no sería una niña bonita, pero me transformé, sin embargo, en una niña alegre y luchadora y luego en la mujer optimista y entusiasta que soy.

Han pasado cuatro décadas desde aquellos hechos. ¿Por qué decides escribir “El camino de la superación: Plan B” ahora?
Porque he vivido muchos más momentos o experiencias difíciles que narro en el libro y no me he conformado nunca con un no puedo o con un mal pronóstico. He abordado proyectos imposibles. He ido más allá en muchos aspectos de la vida, en lo profesional, en lo personal, en lo médico, incluso en lo deportivo. Fíjate que, en mis condiciones y a pesar de todo, yo he hecho senderismo, kayak, rapel, rafting, submarinismo.
En todos los momentos me he conducido con la misma disciplina y con el mismo empuje, con fortaleza, con determinación y siempre haciendo mi pregunta favorita que conocen todos mis amigos. «¿Y por qué no?»
«Yo sabía que ya no volvería a correr, ya no sería una niña bonita, pero me transformé, sin embargo, en una niña alegre y luchadora y luego en la mujer optimista y entusiasta que soy»
A eso en psicología se le llama reencuadre: El acto de transformar una experiencia negativa en un marco de acción útil. ¿Esa habilidad que desarrollaste fue un proceso espontáneo o buscaste herramientas concretas para hacerlo?
Pues por ejemplo, años después del accidente, mi rodilla sana, la única que tengo, me falló. Me tuvieron que operar de rótula y menisco. En aquel momento, con 34 años, era periodista freelance. Tuve que reconocer que quizá esa ya no era la mejor opción, Mis amigos me dijeron en ese momento: «¿Por qué no pides la incapacidad absoluta?» y se me pusieron los pelos de punta. No, ni hablar. Me encerré a estudiar y oposité al Grupo de Gestión del Estado… y lo aprobé en tiempo récord. Llámalo voluntad, autodisciplina, fe en uno mismo, o simplemente saber que es el camino y ponerte en marcha.
A veces nos hablamos a nosotros mismos de una forma en la que jamás nos atreveríamos a hablarle a otra persona. Sin embargo, hay personas que incluso negarían que tienen un diálogo interno y así sabotean muchas de las cosas que hacen. ¿Cómo transformaste tú esa voz crítica?
El diálogo interior existe, le pese a quien le pese. Si te paras en cualquier momento de tu día a día, tu cabeza está produciendo pensamientos constantemente y no siempre son buenos. Mi cabeza también a veces toma caminos oscuros, no soy infalible, pero tengo la capacidad de ser consciente de lo que está pasando en mi cabeza, atrapar mis pensamientos y rectificarlos o acallarlos.
El peor enemigo ante cualquier adversidad es uno mismo. A la hora de abordar un proyecto, puedes repetirte «no me va a salir», o puedes hacerlo como yo, en plan kamikaze, repitiéndote «por supuesto que puedo».

Explícame qué es lo que tú llamas la triple A.
Son las siglas de Aceptación, Actitud y Acción. En el momento en que te enfrentas a un problema, una enfermedad o un diagnóstico, primero tienes que aceptarlo. Es tu nuevo mundo, una nueva realidad, en mi caso una amputación. Una vez que has aceptado lo que te ha ocurrido, vas a facilitar mucho las cosas, porque ya tu mente da paso a una actitud abierta a todo, a preguntar, a investigar, a mirar. Eran los años 80, no había internet. A mi me dieron un chisme. Me dijeron que sería igual que mi pierna». Mentira, era un trasto. Yo la vi y pensé: «es esto o una silla de ruedas». Así cambié mi actitud porque quería andar y lo hice.
Fíjate, años después, mi marido y yo quisimos ser padres y tuvimos que pasar por una larga espera de siete años y por dos abortos naturales, pero yo siempre he sido capaz de convertir los fracasos, precisamente los fracasos, en impulso para crecer por encima de todo. Tuve un embarazo de mellizos y tuve que moverme en silla de ruedas desde el cuarto mes, porque los bebés eran muy grandes, pero esa experiencia no me impidió que fuera por el tercero.
Enfrentarme a ese miedo tuvo consecuencias también. Actualmente soy directora de una oficina del SEPE, y tengo mucha responsabilidad. Llevo una oficina, trabajo y al salir viene la siguiente función. Salgo gritando a recoger a los niños y ya te imaginas, actividades extraescolares, deberes, cumpleaños, agenda social, y me acuesto tardísimo, pero soy feliz.
«Mi cabeza también a veces toma caminos oscuros, no soy infalible, pero tengo la capacidad de ser consciente de lo que está pasando en mi cabeza, atrapar mis pensamientos y rectificarlos o acallarlos»
La manera en que cuentas tu historia es distinta porque no es lineal, no se termina con la superación de un accidente grave. A veces se cuentan este tipo de historias como si hubiera un antes y un después. Dan con una fórmula, superan el obstáculo y todas las respuestas quedan resueltas para siempre, pero la vida sigue y eso significa que volverán a haber fracasos y más piedras en el camino. ¿Crees que a menudo en los relatos de superación se romantiza la resiliencia?
Bueno, más que romántico, las buenas historias le dan un carácter épico a la resiliencia. Y sí, tienes razón, la vida continúa: no te superas, te encuentras a ti mismo y chimpón. Tienes que volver a encontrarte un millón de veces. Te encontraste a ti mismo en esa ocasión, pero, una vez descubierto, tienes que continuar, por ejemplo, con dolor. Le dedico un capítulo entero al dolor en el libro, porque es un gran maestro. Hay que aprender a vivir con él. También a vivir con barreras, con miradas no muy limpias, con la edad, porque no es lo mismo el deterioro en una persona normal que una persona con discapacidad. Así que la resiliencia no llega de una vez para siempre, sino que ocurre una y otra vez.

¿En algún momento te sentiste presionada para ser fuerte?
No, porque yo creo que la presión se la debe imponer uno mismo para avanzar. Es como la inercia. Tú tiras, pero la inercia también tira de ti.
«Las buenas historias le dan un carácter épico a la resiliencia. Y sí, tienes razón, la vida continúa. No te superas, te encuentras a ti mismo y chimpón»
¿Qué diferencia tu libro de otros relatos de superación?
Mi libro “El camino de la superación: Plan B” es un manual de supervivencia, pero no es un manual de psicología al uso. Desde mi conocimiento profano, trato diferentes aspectos de la vida en los que he tenido que lidiar con imposibles, y lo he hecho con herramientas que fueron primero rústicas en origen, y luego fui perfeccionando. Creo que la gran diferencia es que planteo problemas reales, soluciones reales, y lo hago con un lenguaje sencillo, accesible a todo el mundo.
Además, creo que todos nosotros podemos vernos reflejados en una página, en muchas o en casi todas, porque ¿quién no ha tenido problemas? Mi vida no ha sido fácil, ha sido una vida intensa y plagada de dificultades, y en el libro trato de abordar la parte humana de todas esas experiencias.